Según se cree, en el año 65 d.C., Pablo de Tarso, conocido como San Pablo por los creyentes cristianos, fue detenido en Roma, decapitado, y enterrado en la tumba familiar de una noble romana de nombre Matrona Lucilla. En el año 320 d.C., el Emperador Constantino ordenó construir una pequeña basílica para recibir a los peregrinos que visitaban la tumba de este apóstol. Basílica que, a lo largo de los siglos, acabó convirtiéndose en la actual Basílica de San Pablo Extramuros.
En 2002 se iniciaron en ella trabajos de excavación para descubrir la tumba de San Pablo. En 2006, bajo el altar mayor, fue localizado un sarcófago enterrado tras una lápida con la inscripción ‘Paulo Apostol Mart.’ (’Apóstol Pablo, Mártir). Los resultados de una serie de pruebas e investigaciones, que han durado 3 años, han llevado al Papa Benedicto XVI a anunciar que los restos humanos localizados en el interior del sarcófago pertenecen a San Pablo.



