El 2 de enero de 1603, un noble romano de nombre Ciriacco Mattei pagó 125 escudos por lo que su contable describió como una pintura con el prendimiento de Cristo en el jardín. El autor de la pintura era Michelangelo Merisi, más conocido como Caravaggio, uno de los pintores más famosos, innovadores y copiados de la época.
El cuadro permanece en posesión de la familia Mattei hasta 1802, cuando lo venden por error como un cuadro del pintor holandés Gerard van Honthorst. El comprador es el escocés William Hamilton Nisbet quien conserva el cuadro en su casa hasta 1921. Ese año, el cuadro es subastado y adquirido por un médico irlandés, cuya viuda termina por donarlo a los jesuitas de Dublín unos años más tarde.
El prendimiento de Cristo permanece en manos de los jesuitas hasta que, a mediados de los años 90, es identificado por Sergio Benedetti, conservador jefe de la Galería Nacional de Irlanda, durante una visita los religiosos.
Benedetti conoce la existencia de un cuadro pintado por Caravaggio y que representa el desprendimiento de Cristo gracias al descubrimiento en 1990 de un libro contable del siglo XVII, perteneciente a la familia romana Mattei, por parte de dos licenciadas italianas en Historia del Arte, Francesca Cappelletti y Laura Testa; y donde se detalla la compra del cuadro.
Desde entonces, y una vez restaurado y atribuido correctamente a Caravaggio, El prendimiento de Cristo, una de las obras más significativas del maestro italiano del tenebrismo, permanece expuesto en la Galería Nacional de Irlanda, en Dublín.
Los cuatrocientos años de historia de El prendimiento de Cristo han sido detallados en el ensayo histórico El cuadro perdido, de Jonathan Harr, que acaba de ser publicado en España por Ediciones Península.